Llega la noche, en una esquina la luz de un poste deja entrever la silueta de una dama, viste tacones, falda corta y un escote que muestra sus atributos. Mira a lo lejos mientras camina de un lado a otro esperando por un cliente, alguien que quiera saciar sus ganas de sexo y pague por ello.
La tranquilidad de la noche puede verse vulnerada, las luces de un patrulla la alertan y trata de esconderse detrás de algún arbusto. Sabe que si un uniformado la ve quizás no logre correr con suerte y pierda su jornada retenida ante un juzgado nocturno, y es que a pesar de que el trabajo sexual no es un delito, ellas siguen denunciando ser víctimas de malos tratos.
